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La sal y los problemas cardiacos

En síntesis, si padeces presión arterial elevada o tu corazón se encuentra agrandado o con dificultades en su capacidad funcional, es necesario restringir el consumo de sodio. Asúmelo y apréstate a encarar un plan de alimentación variado, completo y agradable, con el asesoramiento especializado.

Las fuentes ocultas de sal en los alimentos

Es cierto que la principal fuente de sodio es la sal común que se utiliza en la condimentación de los alimentos que ingerimos habitualmente, pero existe otra forma de incorporar el sodio en nuestras comidas.

Por sus características intrínsecas y por su costo, el sodio es un mineral que forma parte de distintos compuestos que se emplean con fines múltiples; en el caso de la alimentación, para productos como conservantes, colorantes y realzadores del sabor. Aquí se incluyen como ejemplos: las aceitunas, los fiambres y embutidos, las anchoas, los quesos duros, los productos de copetín y las salsas y aderezos comerciales, entre otros.

Claramente, se trata de alimentos a los cuales el paladar distingue rápidamente, pero no esperemos encontrar sodio solamente en aquellos productos alimenticios de sabor salado: si leemos atentamente las etiquetas de ciertos artículos elaborados encontraremos la palabra "sodio" (en realidad, debería estar aclarado en qué cantidades) con mucha frecuencia. Se trata del caso del polvo para elaborar tortas o postres, mermeladas, dulces o golosinas industriales y algunos cereales para el desayuno. Además, debe tenerse en cuenta el contenido de sodio propio de los alimentos. Es el caso de los lácteos, el pan, el agua mineral y ciertos vegetales.

Para que estés bien

  • Dos hechos son muy claros:
    1°) el sodio no sólo forma parte de la sal común (cloruro de sodio) sino de la composición y la elaboración de múltiples alimentos
    2°) afecciones cardiológicas como la hipertensión arterial y la insuficiencia cardiaca requieren del empleo de dietas restringidas en sodio (habitualmente, entre 2 y 2,5 g de sodio diarios).

Para compatibilizar una alimentación armónica y agradable con los necesarios cuidados para tu salud, te aconsejamos:

  • Utiliza los alimentos en sus formas más naturales: vegetales adquiridos en verdulerías y no envasados, carnes frescas y no enlatadas o procesadas (curadas, ahumadas, etc,), salsa y dulces caseros.
  • Lee atentamente las etiquetas de los productos elaborados y, de ser posible, selecciona aquellos rotulados como libres de sodio, muy bajos en sodio, y reducidos en sodio. No obstante, recuerda que si bien el contenido es bajo, el sodio aún se encuentra presente, por lo cual no pueden ser ingeridos en forma ilimitada.
  • La sal es un condimento habitual en nuestra alimentación, cuyo empleo se remonta a las épocas en las cuales no se contaba con otros métodos para conservar los alimentos. Como cada productos alimenticio tiene su propio aporte de sodio, no es necesario su agregado para el organismo.

Si necesitas o te gusta modificar el sabor original de un alimento, recurre al empleo de especies (orégano, pimienta, ají molido, comino, laurel, etc.) o de vegetales con sabor definido (cebolla común o de verdeo, ajo, albahaca).

Transformarte en un "cuenta-sodio" es una tarea ardua y tediosa, y no siempre garantiza el éxito. Con la prescripción de tu médico, recurre a un nutricionista para que te elabore una dieta acorde a tus necesidades.

Revisa y consulta con él las dudas que te surjan en tu recorrido por los pasillos de los supermercados.

 

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